Rebecca Zeni fue durante su juventud una mujer de una belleza desbordante, magnética. Cuando entraba a una sala era ella, y solo ella, el centro de las miradas. El objeto de deseo.

Durante los años 40 y 50, Zeni era lo que se consideraba una mujer moderna: con una idea clara de lo quería hacer de su vida; fuerte y una gran trabajadora. En la primera mitad del siglo XX, lo que se esperaba de las mujeres era que se casaran jóvenes y tuvieran hijos.

En contra del mandato social, y luego de terminar la secundaria, Zeni se mudó de un pequeño pueblo en Norte de Carolina (EEUU) a una base naval en Norfolk, Virgina. Más tarde se trasladó a Nueva York, donde inició una nueva vida como modelo, trabajó como asistente de un periodista en el noticiero de CBS y luego se casó y se convirtió en una ama de casa.

Pero esa mujer sofisticada que vivió una vida emocionante y lujosa, terminó su vida en una hogar geriátrico, donde padeció una muerte larga y dolorosa. Su cuerpo fue invadido por ixódidos, también conocidos como garrapatas duras, que se situaron debajo de sus piel, vivieron allí y llenaron su cuerpo de huevos, informó el diario The Washington Post.

Al momento de su muerte, su piel era una costra gruesa, su mano derecha estaba casi negra y sus dedos a punto de caer. Además, contrajo sarna y la bacteria fue tan severa que se filtró en su sangre. Murió en el 2005, a los 93 años.

Rebeca Zeni, en una fotografía de su época como modelo

Rebeca Zeni, en una fotografía de su época como modelo

La familia de la mujer interpuso una demanda contra PruittHealth, una compañía que es dueña de más de una docena de hogares geriátricos en los Estados Unidos. Entre estos, el Shepherd Hills en LaFayette, Georgia, donde Zeni vivió por cinco años hasta el día de su muerte.

Sobre este lugar, habían denuncias sobre violaciones a sus normas de salud: otras epidemias de garrapatas duras ya se habían presentado. El personal del lugar falló en seguir los protocolos de salud y los procedimientos adecuados para evitar cualquier brote contagioso. 

Mike Prieto, abogado de la familia, alega que el hogar geriátrico en vez de proporcionar el cuidado adecuado a la anciana la dejó morir de forma agonizante.

“En los últimos seis meses de su vida, ella estuvo en un dolor constante. Ella estaba siendo literalmente comida viva de adentro hacia afuera”, dijo el abogado.

Según el Washington Post, la muerte de Zuni alerta sobre cómo los hogares geriátricos, cuyos dueños son grandes compañías, sacrifican la salud de sus residentes con el fin de minimizar costos y maximizar sus ganancias. Además, el diario, afirma que estos lugares tiene calificaciones muy bajas en lo que se refiere al cuidado de los ancianos y son más proclives, en comparación con los geriátricos sin ánimo de lucro y los estatales, a ser decretados con “serias deficiencias”.

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