El gobierno nacional lanzó hoy el llamado Plan Maestro. Se trata de un programa integral que contiene 108 iniciativas que incluyen objetivos a mediano y largo plazo, tanto para alumnos como para docentes, con el fin de mejorar los indicadores de calidad educativa, de inclusión y terminalidad.
“Consideramos que hemos llegado a una situación límite y debemos tomar decisiones e implementarlas”, afirma a LA NACION el ministro de Educación,Esteban Bullrich, que así ratificó la decisión de llevar adelante la iniciativa.

Bullrich enfatizó: “Cuando se piensa en un largo viaje, uno toma todas las medidas para arribar al destino. Uno planifica. Por el contrario, cuando se piensa en coyunturas, se planifica poco. Y lo que no se planifica, no se hace. La educación es estratégica. Para implementar el Plan Maestro se requiere una visión clara para que las metas no sean una mera declaración positiva pero ineficaz, sino propuestas claras, factibles y medibles para construir el progreso de nuestros hijos y de nuestra nación. Estamos convencidos de la necesidad de este plan y creemos que con estrategia, metas y medición de avance podremos construir entre todos una mejor educación en la Argentina”.
La modalidad de instaurar planes decenales o integrales de educación es algo que ya se viene desarrollando en varios países de la región y con bastante éxito. El “Plan Decenal” de Ecuador 2006-2015 nació de una consulta popular realizada el mismo día que Rafael Correa fue electo presidente por primera vez. En 10 años alcanzó prácticamente todos los objetivos planteados y logró que su sistema educativo obtenga excelentes avances.

Otro ejemplo es el “Plan Decenal 2008-2018” de República Dominicana, que, según muchos observadores, está obteniendo buenos resultados. En Brasil y Perú se desarrollan respectivos planes que apuntan a alcanzar metas en los años de sus bicentenarios.
Entre los puntos más importantes del “Plan Maestro” argentino se destacan: garantizar la cobertura universal en sala de 3 años, disminuir en un 70% la deserción escolar en la escuela media, avanzar hacia un ciclo lectivo de 200 días y lograr que en cinco años todos los alumnos que egresen de la secundaria superen el nivel 1 de las pruebas Aprender en lengua, matemáticas y ciencias.

Todos objetivos plausibles, que muy pocos se animarían a objetar. Sin embargo, algunos especialistas y sectores creen que no alcanza con establecer esas metas a través de una ley debido al fracaso de otras sancionadas en los últimos tiempos.

La anomia en la educación argentina, un problema a resolver
Dentro de los objetivos planteados en este plan se encuentren muchos que ya están sujetos a normas y leyes y que en la actualidad no se cumplen. Por ejemplo, la ley 25.864, conocida como la ley que garantiza un mínimo de 180 días de clase a todos los alumnos del país, incluye en su articulado la obligatoriedad de recuperar los días de clase perdidos por distintas razones. Esta norma se sancionó en 2003 y se promulgó en enero de 2004, pero nunca se cumplió. Durante los últimos 10 años siempre existieron distritos donde se perdieron decenas de días, muchos por conflictos gremiales. El caso más reciente lo tiene la provincia de Santa Cruz que perdió más de 90 días efectivos de clase durante el ciclo lectivo 2016. Y no recuperaron ninguno.

También se puede citar a la Ley de Financiamiento Educativo, tan enunciada en estos días. Sancionada en 2006, señalaba que en 2010 un 30% de las escuelas públicas deberían ser de jornada completa. Sin embargo, varios años después solo un 10% de ellas lo son. O a la misma Ley Nacional de Educación, sancionada en 2006, que convierte en obligatoria la educación secundaria. 11 años después, aún no pudo corregir que más de la mitad de los chicos no terminen la escuela media en tiempo y forma.

Las leyes se votaron y obtuvieron consenso político de varios sectores, pero las normas dictadas nunca se cumplieron. En algunos casos, ni siquiera parcialmente.

Plan Maestro para la educación argentina ¿Puede ser implementado?
Los antecedentes mencionados nos llevan a pensar: ¿Por qué podría funcionar ahora un programa integral de educación en un país donde las leyes destinadas a mejorarla no se cumplen?

LA NACION consultó a distintos especialistas que mostraron no tener una misma visión respecto a las posibilidades de implementar un Plan Maestro.

“Hasta ahora no hay demasiadas posibilidades que eso se pueda implementar, porque además no fija metas de recursos para hacerlo”, señala a LA NACION Gustavo Iaies, director del CEPP (CEPP). “El plan son 108 metas, no hay prioridades ni define formatos de aplicación. Creo que hasta el momento no hay plan. Es un conjunto de metas y eso no tiene demasiadas posibilidades de implementación, salvo que tomen las metas y haya un plan diferente por provincia”, remarca el referente en educación del Frente Renovador de Sergio Massa.

“Un plan de semejante envergadura requiere condiciones necesarias”, dice por su parte Silvina Gvirtz, secretaria de Educación de La Matanza, y detalla: “La primera es que se genere consenso con los distintos actores de la sociedad en general y del sistema educativo en particular, tanto en el momento de elaboración del proyecto, como en las etapas de implementación y monitoreo. Una segunda condición es que el mismo se presente en un contexto favorable para el debate, y la coyuntura actual está muy lejos de ser la adecuada. La presentación de programas quinquenales y decenales precisa un clima de diálogo. Una tercera condición es que los objetivos se traduzcan en acciones específicas, que permitan un seguimiento anual de los avances. Es fundamental fijar metas presupuestarias claras y concretas, que aumenten la inversión en educación para que los hechos se condigan con las palabras”.

Axel Rivas, director del Programa de Educación del Cippec, es más optimista y destaca que “el Plan Maestro es un gran avance para planificar el largo plazo de la educación, mirando más allá de una gestión de gobierno. Por eso es importante que refleje consensos y sea discutido como una Ley”.

Rivas reafirma su convencimiento sobre que el incumplimiento de metas educativas pasadas no debería implicar que no se sigan estableciendo otras nuevas: “Todo lo contrario, establecer metas es parte del planeamiento y es una forma concreta de monitorear derechos. Las metas deben ser ambiciosas y viables, pero sobre todo deben tener una serie de hipótesis de cambio que establezcan prioridades para mejorar la educación de forma sustantiva. Un buen ejercicio de armado de metas se traslada en prioridades concretas de política”, subraya el especialista.

Para Andrés Delich, director de la Oficina de Argentina de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), “estos planes decenales son la base sobre la que se construyen políticas de estado educativas. Desde la OEI monitoreamos el comportamiento de los sistemas educativos en países de la región y en su gran mayoría estos planes logran cumplir con sus objetivos”. Además, destaca que “el caso de Ecuador es el más impactante porque está basado en una consulta popular convocada por el gobierno anterior al de Correa, que la sociedad votó afirmativamente y este llevó adelante. Esa demanda social por mejorar la educación ecuatoriana fue el principal impulso que tuvo el Plan”, señala a LA NACION.

Factible y necesario
Respecto a su ejecución, Delich cree que “no solo es factible, sino también necesario. Lo importante es construir un debate amplio. Pueden ser estos 108 puntos que propone el Plan Maestro, quizás haya que agregar, quitar o cambiar algunos, pero es imprescindible ponernos de acuerdo en un objetivo común y trabajar por conseguirlo”.

Ante las dudas planteadas por algunos expertos y referentes de la oposición, el ministro Bullrich sostiene que “para implementar el Plan Maestro se requiere una visión clara para que las metas no sean una mera declaración positiva pero ineficaz, sino propuestas claras, factibles y medibles para construir el progreso de nuestros hijos y de nuestra nación”.

El funcionario insiste: “Hay una base estructural distinta, en el marco de la mirada a largo plazo del presidente Macri. Cuando un gobierno cree en estrategias y acciones de largo plazo y durables, se obliga a establecer procesos concretos para llevarlos a cabo”.

Bullrich agrega por último que el principal diferencial operativo para lograr el Plan Maestro es que “se realizará un monitoreo y supervisión de procesos, metas y logros en forma continua, ya que este gobierno está comprometido con la transparencia, la verdad y la efectiva gestión. Estas mediciones y monitoreos, siempre se informarán en forma abierta a la ciudadanía. Nosotros, no solo decimos el qué, sino que nos caracterizamos por especificar el cómo. Esta es la verdadera diferencia del éxito que tendrá el Plan Maestro”.

 

La Nación

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