El Nobel peruano fue consultado sobre la actualidad latinoamericana.

¿Qué reflexión le merece la reciente ola de protestas que han conmocionado a América Latina en los últimos meses, desde Ecuador hasta Bolivia y Chile? ¿A qué las atribuye?

— Mire, yo creo que se explican por razones muy diferentes. Creo que en ciertos países hay problemas sociales y económicos muy profundos, que, en lugar de combatir, fomentan las enormes desigualdades y entonces allí claramente hay un contenido social en las movilizaciones populares. Ahora, hay un caso aparte, que es el de Chile, que a mí me deja perplejo. Yo he seguido bastante de cerca la extraordinaria modernización de Chile, donde se ha reducido extraordinariamente la pobreza extrema, donde han crecido las clases medias de una manera notable. Un país que se ha ido acercando al primer mundo muchísimo en estos años. Entonces es muy desconcertante que haya una explosión popular de esa magnitud. Y esa contestación tan radical de un sistema que ha traído enormes beneficios a Chile. Yo no me lo acabo de explicar. Tal vez una de las razones es que esos sectores populares que formaban parte, que llegaron a formar parte de las clases medias, encontraron pronto un techo, un techo que no podían ya superar, y entonces esa frustración pues está detrás de esa movilización popular tan grande. Es posible. También es posible que no haya una educación popular que tenga un altísimo nivel para crear igualdad de oportunidades en todas las generaciones. Es posible que no haya una sanidad al alcance del gran público que pueda competir con la sanidad privada. Si esto fuera así, lo fundamental sería crear los instrumentos que garantizan una igualdad de oportunidades, principio democrático fundamental.

Ahora, de todas maneras, la violencia que ha acompañado esa movilización en Chile pues nos deja desconcertados. Edificios quemados. Decenas de estaciones de metro desaparecidas. Un desconcierto muy grande en la clase dirigente chilena, que tampoco parece entender muy claramente qué es lo que está ocurriendo.

— ¿Cree en la teoría de la injerencia extranjera?

— Hombre, yo creo que hay injerencia seguramente pero eso no lo explica todo, en ningún caso. La participación popular ha sido muy grande y creo que eso no puede proceder de Cuba o de Venezuela. Hombre, que están encantados que un modelo democrático y capitalista fracase, pues sí, desde luego, habrá sido celebrado con whisky y champagne en Caracas y en La Habana. Pero no creo que lo explique. No creo que sea la razón fundamental de la movilización chilena.

— ¿Y de las elecciones argentinas qué lectura hace? Cómo cree que será el gobierno de Alberto Fernández?

— Yo creo que va a ser un desastre. Ojalá me equivoque, quiero mucho a Argentina y tengo una gran admiración por muchos aspectos de ese país. Pero yo creo que ese regreso del peronismo al poder será una catástrofe para los argentinos. Ojalá me equivoque. Ojalá la realidad no confirme mis previsiones. Yo creo que el fracaso de Macri, porque hay que llamarlo un fracaso, claramente, es muy lamentable. Tenía un equipo magnífico, que sabía perfectamente lo que había que hacer, pero quizás el gradualismo que intentó no era la mejor manera de enfrentar la crisis enorme en que dejó el peronismo a la Argentina. Quizás las reformas debieron ser mucho más radicales, porque ahora están atribuyéndole a Macri los problemas que crearon los Kirchner. Esperemos que Argentina sobreviva a esta experiencia.

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